MICHAEL WILLÖFER

Nuevo Mundo, Mexico City, Centro Histórico, 2012

La fotografía es, también o, sobre todo, una cuestión de luz. Una composición de luces, de colores. Como un cuadro. Lo que consigue el Michael Willöfer es un encuadre, un enfoque, una visión: su mirada. Una mirada que busca resaltar el asombro de lo que puede ser cotidiano: una planta en una prisión de metal torcido en la banqueta, que crece a pesar de ella; un edificio con sus venas y arterias eléctricas a flor de muro, iluminando el exterior en vez de iluminar paredes adentro; una acera y sus procesos de volverse ruina, volverse a parchar y otra vez acabar rota; un bloque de hielo que comienza a derretirse en plena calle, cerca de la alcantarilla, como si hubiera llegado ahí con el propósito de dejarse morir; o una semilla que encuentra su tierra entre el concreto de la marquesina de un edificio y que ahí, contra toda probabilidad, se está transformando en árbol. Escenas o paisajes de lo cotidiano que, a través de un marco, recobran su propio esplendor. (Giorgio Lavezzaro)